Esta cuestión no debe ser pasada por alto pues el derecho a trabajar, a buscar satisfacción fuera del hogar y a la igualdad e independencia económica es uno de los aspectos más importantes de nuestras sociedades modernas y una de las luchas más difíciles que continúa librándose todos los días.
Está bien que en las nuevas familias haya diferencia de edad y de raza y que aceptemos sin escándalo que también dos personas del mismo sexo pueden conformar una. Pero si toda esta apertura está igualmente sostenida por mujeres que deben alcanzar su plenitud yendo al gimnasio, cocinando y esperando que sus maridos lleguen de la oficina para traerles mullidas pantuflas y que sus hijos regresen de la escuela para ofrecerles galletitas y ayudarles con las tareas; y si nuestro modelo social sigue insistiendo (sin que se problematice si quiera) que la familia patriarcal –con su pareja monogámica económicamente dependiente del hombre, sus niños y hasta su perro— es la única opción deseable de vida, entonces no sé muy bien de qué modernidad estamos hablando.
En este sentido, podemos admirar la poca desigualdad que presentan las series(“Modern Family” y “La casa de la pradera”), en cuanto al desarrollo del rol de la mujer. Todas las mujeres, en ambas series, son amas de casa, sin desarrollar ningún tipo de trabajo y sin producir ningún tipo de ganancia; ya que ellas son las responsables de los hijos y de la casa y del dinero se ocupa el hombre.
No hay comentarios:
Publicar un comentario